Pueblo de Pekín! Esta es la ley: Turandot, la Pura, será la esposa de aquel que, siendo de sangre real, resuelva los tres enigmas que ella le propondrá. Pero el que afronte la prueba y resulte vencido ofrecerá al hacha su cabeza soberbia. Así reza el edicto impuesto por la bella pero fría y sanguinaria princesa Turandot y que ha llevado a la muerte a decenas de aspirantes subyugados por su inigualable belleza. El príncipe Calaf se ha sometido a la difícil prueba y ha logrado resolver los tres misteriosos enigmas de Turandot. ¿Cuáles son? la esperanza, la sangre y el último, el hielo que enciende tu llama: Turandot. Ahora le toca reclamar la mano de la fría princesa, quien ha quedado a merced del hasta entonces desconocido vencedor. Pero la derrotada princesa se rehúsa a cumplir con el juramento sagrado que la obliga a ser esposa del hombre que adivine sus enigmas, por lo que ruega a su padre, el emperador de China, que no la entregue al extranjero. El desconocido príncipe, viendo temblar de miedo a la princesa por primera vez, le propone un enigma: “Mi nombre no sabes, dime mi nombre... dime mi nombre y al alba moriré”. Nessun dorma (Nadie duerma) ¡Nadie duerma! Los heraldos de la princesa Turandot esparcen el decreto por todo Pekín. Nadie dormirá esa noche hasta que se encuentre a alguien que conozca el nombre del extranjero. Mientras Turandot y sus guardias recorren la ciudad atemorizando a la gente en su afán de descubrir el nombre de Calaf, éste, posado en una escalera, contempla las estrellas y, seguro de su victoria, espera con ansia la llegada de la mañana.
Nessun dorma! Nessun dorma! Tu pure, o principessa, nella tua fredda stanza guardi le stelle che tremano d’amore e di speranza! Ma il mio mistero è chiuso in me, il mio nome nessun saprà! No, no, sulla tua bocca lo dirò, quando la luce splenderà! Ed il mio bacio scioglerà il silenzio che ti fa mia! VOCI DI DAME Il nome suo nessun saprà... E noi dovrem, ahimè, morir! Morir! CALAF Dilegua, o notte! Tramontane, stelle! Tramontane, stelle! All’alba vincerò! Vincerò! Vincerò!
¡Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma! ¡Tú también, princesa, en tu fría estancia miras las estrellas que tiemblan de amor y de esperanza! ¡Mas mi misterio se encierra en mí, mi nombre nadie sabrá! ¡No, no, sobre tu boca lo diré, cuando resplandezca la luz! ¡Mi beso deshará el silencio que te hace mía! VOCES FEMENINAS ¡Su nombre nadie sabrá... y nosotros, ay, debemos morir! ¡Morir! CALAF ¡Noche, disípate! ¡Estrellas, ocultaos! ¡Estrellas, ocultaos! ¡Al alba venceré! ¡Venceré, venceré!
"Si Algún día tienes que elegir entre el mundo y el amor... RECUERDA: Si eliges el mundo quedarás sin amor, pero si eliges el amor, con él conquistarás el mundo". Albert Einstein
SIN CONDICIONES
Quiero que me oigas, sin juzgarme. Quiero que opines, sin aconsejarme. Quiero que confíes en mi, sin exigirme. Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi. Quiero que me cuides, sin anularme. Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi. Quiero que me abraces, sin asfixiarme. Quiero que me animes, sin empujarme. Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi. Quiero que me protejas, sin mentiras. Quiero que te acerques, sin invadirme. Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten, que las aceptes y no pretendas cambiarlas. Quiero que sepas, que hoy, hoy puedes contar conmigo. Sin condiciones. Jorge Bucay
2 comentarios:
Un aria maravillosa que dá sentido a toda una ópera que,sin ella, no sería nada.
Gracias Victoria.
Gracias a ti Alberich, por pasarte por aqui una vez mas
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